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Desde que el mindfulness irrumpió con fuerza en España hace unos años, no han parado en ir apareciendo centros y profesionales que se dedican a enseñar mediante talleres y cursos la práctica del mindfulness o mejor dicho, que el alumno se sumerja en si mismo y aprenda por si solo, ya que en sentido estricto aprender a practicar mindfulness no puede enseñarse, sino mas bien solo puede aprenderse, aunque parezca una paradoja.

Cada uno de los que hacemos del mindfulness no solo una forma de vida, sino también nos dedicamos profesionalmente a ello, enfocamos dicho trabajo desde una perspectiva diferente. ¿Podemos hablar entonces de que existen diferentes tipos de mindfulness? La respuesta a mi juicio es no (aunque con matices), mindfulness es mindfulness, pero si que cada uno  de nosotros somos diferentes y por ello les dotamos de matices y enfoques diferentes. Por ello, las diferencias no vienen por aspectos propios del mindfulness, sino por la mano del hombre como ahora veremos.

Todo lo que voy a escribir en esta entrada, no es mas que una reflexión en voz alta y una opinión muy personal. Queda por lo tanto muy lejos, intención alguna de sentar cátedra. No explico mi opinión para diferenciar los que tienen un enfoque erróneo del verdadero. Lo explico para transmitir, cual es mi forma de entender el mindfulness y la manera trabajar. Y al lector que le resuene esta forma de sentirlo y transmitirlo, le de mas información para decidirse o no cursar un taller en mi escuela o en otra si lo que aquí plasmo no le resuena. Por lo tanto, no busco debatir sobre el mindfulness, sino darme un poquito mas a conocer mediante mi sentir y entender mi trabajo y forma de vida.

Volviendo a las diferencias construidas por el hombre sobre el mindfulness, podemos encontrar el mindfulness en el entorno educativo cuando lo llevamos a los colegios, para que los mas pequeños aprendan a practicarlo. También podemos encontrarlo en otro ámbitos, como son el de la salud mental y emocional, el ámbito de crecimiento personal o espiritual, incluso en el ámbito empresarial. Pero aún así el mindfulness es mindfulness.

Por lo tanto, el primer problema que nos encontramos es confundir el mindfulness con los objetivos o beneficios que buscamos con el mindfulness y el ámbito donde se buscan dichos beneficios. Y por ello, podemos buscar que los niños estén mas tranquilos y atentos o aprendan de pequeños acerca de las emociones. Que un adolescente obtenga un mejor rendimiento académico. O que un empleado esté mas contento y sea mas feliz en su puesto de trabajo y por lo tanto, tenga un mejor rendimiento. También podemos buscar en el mindfulness una herramienta de “control emocional” para que las emociones no nos arrasen.

Todos estas metas, son muy propias de una sociedad occidental, acostumbrada a partir del “para que” en todos nuestras parcelas de la vida. Desde hace décadas, los planes de estudios de los diferentes estratos educativos, se han empapado de ello. Ya en los años 80, muchas personas se preguntaban de que servia aprender por ejemplo filosofía o música o cualquier área que no tuviera una aplicabilidad palpable evidente. Detrás de la “hiper-especialización” de nuestra sociedad, hay conceptualmente un adicción al “para que”. Por ello, cuando a mis alumnos, les digo que el mindfulness en si mismo no sirve para nada, les suele romper los esquemas, porque por un lado, llegan con un montón de beneficios en sus mentes a alcanzar y segundo, porque si en realidad no vale para nada, que sentido tiene hacer un taller de mindfulness.

Solo cuando hacen un taller, entienden no desde su razón, sino desde su conocimiento experiencial, cual es el verdadero papel del mindfulness. Y que mientras se practica una meditación en buscan de unos beneficios, los “verdaderos beneficios” no llegan y solo cuando se deja de buscar, es entonces cuando aparecen.

Finalmente podemos enfocarlo como un camino de autoconocimiento y crecimiento personal y/o espiritual. Que sí bien, si se realiza con honestidad nos acercamos a mi entender a su verdadera esencia, también puede emplearse con fines de objetivos y beneficios como antes mencionamos. Es ahí cuando aparece el ego espiritual.

Todas estás búsquedas totalmente legitimas en busca de beneficios, no las podemos confundir con el propio mindfulness, ya que en si mismo, el mindfulness no sirve para nada. No tiene en si mismo ninguna utilidad practica y sus posibles beneficios solo parecen cuando se deja de perseguir e intentar encontrar unos beneficios determinados. En caso contrario, seria como confundir un objetivo con un valor. Un objetivo es algo que yo me marco como meta a conseguir, porque de él deduzco que voy a tener una serie de recompensas o beneficios una vez conseguido.

Un valor no es algo alcanzable, como lo puede ser cursar ciertos estudios, tener un determinado puesto de trabajo o subir una montaña. Un valor, nunca se consigue, ya que es una actitud que yo me marco en mi vida. Un valor, es por ejemplo ser mejor persona, ser mas amable conmigo mismo o los demás, tratarme con amor y cariño, etc. No es algo que tenga un principio ni un fin, sino que es para toda la vida si yo decido emprender una vida basada en valores.

Con el midfulness o atención plena ocurre lo mismo. Puedo dedicar mi vida a buscar a través del mindfulness unos objetivos concretos o puedo simplemente practicarlo dejando al lado objetivos y expectativas.

El segundo problema, es la sobre-dimensión que estamos haciendo de él, otorgándole, propiedades casi milagrosas. Parece que sea la panacea. Ahora que esta de moda, todo el mindfulness. Y todo el mundo se quiere subir al carro.

Por ejemplo, la gente que desde hace muchos años medita y se dedica a enseñar a meditar, ahora le ha cambiado el nombre a su práctica y a lo que ofrece y le llama mindfulness. Sin darse cuenta o quizás a sabiendas ya que ese termino vende mas, que la meditación y el mindfulness, a pesar de compartir muchas cosas, también difieren en otras muchas cosas, de las cuales desconocen sin conocimientos en psicología.

Este segundo problema, lleva una serie de implicaciones muy importantes sobre los profesionales que nos dedicamos a ello. Por un lado están las personas que si bien llevan muchos años practicando la meditación, no tienen conocimientos de la misma forma en psicología y/o emociones desde un punto de vista profesional.

Uno puede saber muchísimo de meditación, pero poco de mindfulness. Ya que este tiene detrás de el, aspectos y conocimientos propios de la psicología. Por ello, encontramos dentro de escuelas de yoga, y terapias alternativas, gente que imparte talleres y cursos de mindfulness desde la meditación. Lo bueno de estos profesionales, es que suelen tener un hábito en la meditación consolidado y lo que enseñan lo hacen desde su practica diaria de meditación. Pero no hacen mindfulness, porque no tienen conocimientos de psicología.

En el extremo opuesto, están las clínicas de psicología al uso, donde frecuentemente el conocimiento en mindfulness de los psicólogos, viene dado por haber cursado una formación en mindfulness en alguna universidad, en el mejor de los casos, y en un curso express de unas pocas semanas en el peor.

En este grupo también podríamos considerar los coach, dado que suelen compartir el mismo enfoque, enseñar a través de la explicación y el razonamiento intelectual. Por ello es fundamental, que el psicologo o coach, medite con frecuencia durante años, y se su practica el pilar fundamental de su conocimiento, para no convertirlo en un terapia de reducción del stress o la ansiedad. De hecho el primer programa de mindfulness y mas exitoso que hay en el mundo, es el MBSR (mindfulness based stress reduction). En estos casos, es frecuente encontrar pocos conocimientos reales de la meditación, ya que estos aparecen con la práctica diaria durante años. Sin practica en la meditación diaria, tampoco hay mindfulness. Se enseña la teoría del mindfulness, que es algo muy diferente.

A mi juicio, y reitero que es una opinión personal, el mindfulness propiamente dicho, tiene fundamento cuando se practica por un lado desde la propia practica de la meditación, pero apoyada por el conocimiento de la psicología. Ambas partes son fundamentales, porque mindfulness es la unión de la meditación y la psicología. 

Por todo ello, mi enfoque, concepción o como quiera llamarse del mindfulness, es un acercamiento a las fuentes de donde surge, la meditación, dejando a un lado su instrumentalización. Pero del mismo modo, apoyado en los conocimientos de la psicología, como lo son las Terapias Contextuales y en concreto la Terapia de Aceptación y Compromiso, terapia psicología que se nutre de la exposición al malestar o dolor, en lugar de intentar evitarlo.  Donde se aprende a relacionarse con el malestar y el dolor inevitable de la vida, desde una apertura y aceptación. De esta manera, no se convierte el mindfulness, en una especie de prozac psciologico y se posibilita un crecimiento personal honesto, dejando de lado el ego espiritual o los auto-engaños, cuando buscamos a través del mindfulness, esa cosa que nos falta en la vida y que nos haga felices y aporte paz interior.

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