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Al igual que ocurre con la meditación, desde hace años el termino “crecimiento personal” está cada vez en la calle. Se observa la proliferación de múltiples técnicas, disciplinas, saberes y vivencias orientadas al crecimiento personal y/o espiritual. Quizás, lo primero que deberíamos plantearnos, es de donde surge esta tendencia, antes que hablar sobre otros aspectos. Comprender porque aumenta el número de personas que se acercan al crecimiento personal, nos puede dar una visión amplia y mas profunda del asunto.

La pregunta por lo tanto básica que nos hacemos para empezar es: ¿Por qué una persona se acerca al crecimiento personal y/o espiritual? ¿Quizás por una cuestión existencialista? ¿Quizás por aspectos intrínsecos de insatisfacción con uno mismo o con la vida? ¿Quizás por no saber vivir de una forma optima ante el sufrimiento que nos rodea?

Además, hay otro aspecto de especial relevancia. El interés por el crecimiento personal suele aparecen en una gran número de personas en algún momento de sus vidas. Es verdad, que hay otras personas que desde muy jóvenes se interesan por él y les acompaña desde la adolescencia, incluso la infancia. Este aspecto, no es trivial, porque nos señala que en algún momento (ya sea temprano o mas tarde), algo ocurre en nuestras vidas y sentires que nos hace virar el barco hacia un nuevo rumbo. Y este aspecto nos da pistas de la motivación subyacente e inconsciente de ese nuevo rumbo. Siguiendo este razonamiento, desde un prisma existencialista, podríamos por lo tanto, deducir que la gente se acerca al crecimiento personal en un momento de su vida, fruto de preguntas del tipo: ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué estoy en este mundo? ¿O que quiero hacer de mi vida y con la vida?. Sin embargo, otras personas se adentran en un camino de crecimiento personal y/o espiritual, tras algún evento traumático, conjunto de eventos o circunstancias en la vida que los marca y hace cambiar el prisma conforme miran y sienten la vida.

Dicho de otra forma, esa nueva forma de querer ver la vida, puede aparecer desde una motivación intrínseca a uno mismo, sin relación con las circunstancias personales o bien mediado e influenciado por ellas. Esto que parece intrascendente, pero resulta de vital importancia para darnos cuenta de cual es el puerto del que “arriamos velas” y partimos a navegar los océanos de la vida. Parece sano preguntarse para mantener limpio el espejo de uno mismo, si ese camino busca o no escapar del malestar, dolor o sufrimiento que uno no ha sabido sobrellevar.

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La capacidad humana, para generar oportunidades destinadas a intentar colmar el inherente sentimiento de vacío y malestar que nos rigen es inagotable. Y por ello, podemos pasar de ser consumistas de cosas materiales y ocio, a ser consumistas de terapias, técnicas o disciplinas en una huida hacia adelante del vacío de nuestra vidas. Por ello, antes de empezar a recorrer cualquier camino, hay que ver primero que llevamos en la mochila, no vaya a ser que este llena de pretensiones y objetivos poco honestos con nosotros mismos. El camino del crecimiento personal solo puede recorrerse desde la honestidad y no desde la necesidad de aliviar y colmar el alma.

De nuevo, tal y como puede ocurrir con el mindfulness (ver el post “camina conmigo”), podemos caer en un mercadeo que nada tiene que ver con la esencia y naturaleza del crecimiento personal y/o espiritual. Empezar ese camino a través de apuntarse a yoga, practicar mindfulness, convertirse al budismo, practicar reiki, o cualquiera de la diversa oferta que hay en ese abanico de oportunidades, con el objetivo de que nos aporte paz, conlleva que lo iniciemos de entrada sin honestidad, ya que no nos daremos cuenta de que entonces buscaremos en el fondo huir de nuestro malestar, vacío o dolor.

Precisamente recorrer un camino de crecimiento personal es emprender un transcurso de tomas de conciencia sobre muchas cosas y en planos diferentes. Y difícilmente esto se puede producir, si no tomamos consciencia de la motivación real que hay detrás y lo convertimos en otro instrumento para no sentirnos vacios.

Este aspecto es el verdaderamente importante. Porque lo irrelevante es la senda que suba a la montaña. Hay muchas y todas son validas si se recorren con honestidad. En mi caso llego a mi vida la meditación y el sonido, entre otras. No son las únicas, pero son las que conozco. Y gracias a ello, he podido empezar algo que durará toda mi vida, estando abierto y muy atento a mis tomas de consciencia sobre mi mente, mis pensamientos, mis creencias, la forma con la que me siento en este mundo, la forma en que veo la vida fuera de mi, en otros seres, la naturaleza, los seres vivos, el universo. Y cada día es una oportunidad para crecer y aprender algo nuevo. Para tomar consciencia de algo, sin convertirlo en una colección de nuevos constructos a exhibir en una vitrina. En definitiva, la toma de consciencia, es darse cuenta de que todo son patrañas mentales que necesitamos para sentirnos bien con nosotros mismos y la vida. Crecer y tomar consciencia no significa acumular nada. Muy al contrario, significa despojarse de casi todo.