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LAS TRAMPAS DEL EGO

1. Introducción

En este tema vamos a tratar de aproximarnos a la naturaleza de la mente y del ego con el objetivo de tomar conciencia del funcionamiento de nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Comprender la naturaleza de la mente, implica darnos cuenta que la mayor parte del tiempo hemos estado mirando para el lado equivocado, prácticamente todo el tiempo hemos estado mirando hacia fuera.

Uno de los objetivos de este taller es invitarte a que empieces a ver hacia ti mismo, hacia tu interior y abrir esa puerta que abre hacia dentro y que te llevará a una búsqueda de tu verdadera identidad, más allá del ego o falsa identidad, de la cual vamos a hablar en este tema y el siguiente. El mundo, el modelo educativo, el entorno en general está diseñado para mirar siempre hacia el exterior en busca de sustento, fama, éxito, comodidad, seguridad, amor, prosperidad, felicidad, y hasta hay quienes buscan una paz espiritual yendo a algún lado, allá afuera. Siempre buscando afuera, esperando recibir de algún lado la gracia y las bondades de la vida.

Sin embargo, llega un momento en nuestras vidas, y esto, en mayor o menor medida lo experimentamos alguna vez, en el que nos planteamos “que tiene que haber otra manera de vivir, que tiene que haber otra manera de relacionarnos, que tiene que haber un camino mejor, que ya está bien de crear sufrimiento para nosotros mismos y los demás”. Y hemos intentado cambiar las circunstancias de nuestra vida, hemos cambiado de trabajo, de amistades, de pareja y al final siempre la insatisfacción y el sufrimiento aparecen. Empezamos a tomar conciencia que no vivimos nuestra vida sino que sobrevivimos y esto supone, en muchos casos, un punto de inflexión en nuestras vidas donde se da el primer paso y quizás más importante: “Estoy dispuesto a ver las cosas de otra manera”.

“Estar dispuesto”, significa actuar. No basta solo con tener el deseo o la intención de cambiar. Ver las cosas de otra manera, es comprometerse a recorrer un camino de esfuerzo, donde se trabaja sea con motivación o sin ella. Es así como empezamos a asumir nuestra responsabilidad (no culpabilidad) por lo que percibimos, interpretamos y actuamos, por cómo vemos las circunstancias de nuestra vida (el significado que le damos), y en definitiva por lo que pensamos y sentimos.

Esta comprensión es clave e implica dejar de ser víctimas, dejar de culpar al mundo, a los demás, a las circunstancias y a mí mismo por cómo me siento y recuperar nuestro poder (responsabilidad) para ir al origen, a la causa (mente) de aquello que me está haciendo sufrir, lo que creo ser, y por lo tanto la forma en que desde esa identidad interpreto el mundo y lo percibo (mi modo de ver). Todavía no sabemos cómo, pero hemos dado el paso más importante y poderoso, un compromiso personal con nuestra felicidad, nuestra paz y libertad al darnos cuenta que estas dependen de nuestra forma de interpretar y de ver el mundo (lo llamaremos sistema de pensamiento).

Y así, empezamos a ocuparnos de nosotros y a respetar los procesos de los demás, reconociendo que cada uno tiene el poder de retornar a la mente y elegir el sistema de pensamiento con el que se identifica. Es importante respetar esa libertad, puesto que es la verdadera libertad que tenemos todos y cada uno.

El Lama Tulku Lobsang decía: “Si quieres tener problemas, cambia a los demás, si no quieres tener problemas, cambia tú”.

Así, empezamos a damos cuenta que podemos invertir la dirección en la que miramos y comenzamos a mirar hacia nuestro interior. Ese instante es una verdadera transformación en el ser humano, y ese momento puede ser cuando escuchamos una conferencia que nos “toca el interior”, o cuando leemos cierto libro, o cuando soñamos, o en un encuentro con alguien que nos hace sentir algo dentro de nosotros mismos, o tal vez cuando hacemos un curso o taller. Este momento puede llegarnos de muy diferentes formas.

Cuando empezamos a practicar y desarrollar la atención plena o cualquier otro entrenamiento mental profundo que nos permita ir más allá de la mente ordinaria, de la mente programada o ego, encontramos maravillados un espacio que ya habíamos percibido, pero que nunca habíamos identificado. Este entrenamiento nos va a permitir desarrollar la conciencia testigo u observador que es el primer paso para “elegir de nuevo” y poder así desidentificarnos de todos esos programas, creencias, condicionamientos y límites que nos dicen lo que creemos ser y por lo tanto cómo interpretar nuestra experiencia en este mundo. En definitiva, este entrenamiento nos va a permitir tomar conciencia del funcionamiento de nuestra forma de pensar, sentir y actuar. A través de esta toma de conciencia, descubrimos cómo generamos nuestro propio sufrimiento e insatisfacción, mediante un patrón programado y errático de pensamiento. Nuestro estado mental, es decir la forma en la que interpretamos lo que nos sucede, es lo que realmente determina nuestro grado de felicidad y bienestar interno. El desarrollo de nuestro autoconocimiento produce una progresiva desidentificación con respecto a nuestro propio patrón de pensamiento, rompe la manera de actuar en modo “piloto automático”, y nos permite desarrollar recursos internos de auto-observación y auto-regulación, que brindan la posibilidad de desactivar la reacción automática, y dar las respuestas de manera más consciente y eficaz.

 

2. La Naturaleza de la Mente

En primer lugar, nos gustaría poner de manifiesto que intentar aproximarnos a lo qué es la mente o el ego desde su propio sistema de pensamiento es como intentar explicar por qué estamos teniendo una pesadilla desde dentro del sueño. Un torpe intento de hablar de lo que está más allá de nuestra mente separada. Einstein decía: “Ningún problema puede ser resuelto con la misma mente que fue creado”.

Además, teniendo en cuenta que tenemos que usar palabras para expresar lo inexpresable, lo que está más allá de nuestra comprensión dividida y fragmentada, teniendo en cuenta que las palabras son símbolos de símbolos y por lo tanto están doblemente alejadas de la realidad y teniendo en cuenta que cada tradición usa su propia terminología específica, intentaremos aproximarnos a las enseñanzas no-dualistas, usando una terminología más cercana y occidental, aunque en su esencia apuntan hacia el mismo mensaje de Unicidad. Esta esencia está contenida en las enseñanzas de las tradiciones y filosofías como el Advaita Vedanta (Shankara, Ramana Maharsi, Nisargadata, etc), algunas ramas del Budismo (zen, dogchen), el Sufismo, el Taoísmo y en general la filosofía perenne que tan bien desarrolló Ken Wilber entre otros. También nos gustaría destacar las enseñanzas de “Un Curso de Milagros” basada en un mensaje no-dualista puro y considerada una obra maestra de nuestro tiempo. Aunque es una enseñanza radical (va a la raíz), esta obra es referenciada por la mayoría de los maestros actuales, entre ellos Eckhart Tolle, considerado como uno de los maestros más relevantes de Occidente.

Desde el pensamiento no-dual, la mente se entiende como algo eterno y esencial, el principio activo del Ser, el cual le suministra a este su energía creativa. Mente es el proceso por el cual el Ser se experimenta a sí mismo. Cuando el término mente va en mayúscula se refiere a Dios, Fuente, Unidad, Totalidad, Mentalidad-Uno, etc. La mente no es local, no está en el espacio ni en el tiempo. El tiempo y el espacio son ideas producidas por la mente dividida. Por tanto no tiene sentido decir “donde” o “cuando” al hablar de la mente. El cerebro, el cuerpo y todo lo que puedas imaginar, está dentro de la mente. Por lo tanto, la mente no está en ningún sitio. Tú eres la mente. Somos la mente. Mente es todo. El mundo es mente. Todo está unido a través de la mente. La física cuántica está demostrando que la realidad, es una totalidad unificada donde todas las cosas están entrelazadas y donde nada existe por sí mismo.

En este mundo, puesto que la mente parece estar dividida, en este estado ilusorio, el concepto de una “mente individual” parece tener sentido. Por lo tanto se considera a la mente como si consistiera de dos partes: la mente natural (o mente que recuerda nuestro verdadero Ser) y la mente programada o ego. La mente natural es la parte que aún se mantiene en contacto con nuestro verdadero Ser, a través de su recuerdo (Shakti, kundalini, Presencia, Espíritu Santo, Maestro Interno, etc). La otra parte de la mente es completamente ilusoria y nos referiremos a ella como la mente ordinaria o programada. Esta es la parte de la mente que está identificada con un sistema de pensamiento basado en la separación, que normalmente se denomina ego, un programa de la mente por la cual se engaña a sí misma, y por tanto se queda “dormida” en una particular forma de ilusión que le hace sufrir, pues se identifica con lo que no es y se cree separada del Ser. El ego es solo un funcionamiento mental erróneo, pues te ofrece la experiencia de un falso ser.

En algunas enseñanzas orientales se llama mente sin más a lo que aquí llamamos la mente ordinaria, programada o egótica, y por tanto se considera que es la mente lo que eclipsa la experiencia de Ser. La Mente tiene la misión de generar la experiencia del Ser, producir el sentir con base en el conocimiento que tiene de su propio ser, de la esencia a la cual sirve. El sufrimiento es indicativo de que la mente no vive en su estado natural, no está experimentando al Ser tal como es, pues ha olvidado su esencia y, en su lugar, toma por real un falso ser, el ego.

El Ser es unidad, amor y conocimiento puro. Nuestra mente ha dejado de reconocer al Ser. Vive como si estuviera separada de su realidad. Está aislada, ensimismada o dormida como consecuencia de un programa erróneo basado en la separación. Como resultado, no está en paz. La depresión es una consecuencia inevitable de la separación, como también lo son la ansiedad, las preocupaciones, una profunda sensación de desamparo, la infelicidad, el sufrimiento y el intenso miedo a perder.

La mente programada o ego nos proporciona una percepción incorrecta o distorsionada de la vida y de nosotros mismos que da como resultado experiencias de dolor. Es el síntoma claro de que la programación mental no funciona correctamente. De un modo muy intuitivo, siempre hemos sabido que la mera existencia del sufrimiento indica que algo anda mal aquí. De modo que la mente en sí misma no es nada malo que haya que eliminar. Es en la programación de la mente o mentalidad, donde nos enfocamos para liberar o deshacer. Si lo vemos como si fuera un ordenador, el hardware es perfectamente útil y necesario, es invulnerable y le aguarda una función espiritual de primer orden. Pero resulta que ahora mismo hay un software instalado (conjunto de programas que hacen que funcione) que se basa en algo falso: un gran error de programación, un virus informático llamado ego que ha tomado el papel del sistema operativo. El entrenamiento mental y la práctica de la atención plena liberan la mente de los guiones disfuncionales que la alejan de la paz. Es como si fuera el antivirus.

Es apropiado que entendamos que no somos el programa de conflicto o mente egótica (según E. Tolle), sino la mente natural cuya auténtica voluntad es experimentar al Ser, Esencia, Divinidad o cómo te guste llamarlo, las palabras en realidad, son símbolos que apuntan a la realidad pero no son la realidad, puesto que hablamos de una experiencia que no puede ser comprendida a nivel intelectual, con la mente ordinaria.

Según las enseñanzas del Advaita (rama no-dualista del hinduismo), nuestra naturaleza es Vida, Conocimiento y Amor. A continuación describimos cada uno de estos aspectos:

  • Vida (o Ser en Oriente): al nivel metafísico es el puro estado de Ser, la eternidad, la infinitud, la potencialidad absoluta. Al nivel temporal es la vida, el sustento esencial, la energía vital, y está vinculada con la voluntad auténtica: el poder de liberarse, el desapego y la no necesidad. En el Advaita Vedanta, a este aspecto del Ser se lo llama Sat.
  • Conocimiento (o conciencia en Oriente): al nivel metafísico es el conocimiento absoluto, el conocimiento del Ser, la verdad. Al nivel temporal es la toma de conciencia, la compresión, ver con claridad, sin tergiversación ni miedo, deshaciendo límites, trascendiendo esquemas, más allá de la percepción de las formas, liberándonos de todo programa. Lo experimentas como tu natural tendencia hacia la verdad, hacia el conocimiento del ti mismo y la sabiduría profunda. Es la visión espiritual. En el Vedanta, a este aspecto se lo llama Cit.
  • Amor (o éxtasis en Oriente): al nivel metafísico es el goce puro de existir o la alegría de ser, la experiencia del amor puro que produce el conocimiento de la esencia, el cielo. Al nivel humano es el sentir esencial, el agradecimiento existencial, el goce profundo, el éxtasis de la unidad. En el Vedanta, a este aspecto del Ser se lo llama Ananda.

Estos aspectos de lo esencial se observan como tres al ser mirados desde la mente, es decir se perciben así desde lo tridimensional. Realmente estos tres aspectos son lo mismo en lo esencial y no existen separadamente. Por ello en el Vedanta se unen los tres nombres en uno solo: Saccidananda (Sat-Cit-Ananda).

Esta noción nos acerca a la diferenciación entre el Ser esencial y tu personaje, que equivale a discernir entre la identidad y la identificación.

3. El Sistema de Pensamiento del Ego

“No eres el ego, así que cuando descubres el ego en ti, eso no significa que has encontrado quién eres sino que has encontrado lo que no eres y es a través del saber lo que no eres que puedes acercarte a saber quién eres en realidad” (Eckhart Tolle)

Las raíces del ego

La palabra ego viene del latín y significa “yo”. Haciendo un poco de historia, en el antiguo Egipto, el ego era conocido como los demonios rojos de Seth. En la mitología, el ego era representado por Medusa, la causa de todo tipo de sufrimientos al hombre. Su mirada hipnótica convertía en piedra a quien miraba. En el Budismo, se dice “…..abandonó el príncipe Sidarta Gautama su hogar y salió en búsqueda de la verdad, el porqué del sufrimiento, la vejez y la muerte. Predicó la aniquilación del yo (ego)…..”.

Por otro lado, el Adavaita Vedanta promueve la existencia de un Ser unido a la totalidad de seres existentes, Unidad total, es decir Todo forma parte del Uno, no hay separación. El espacio y el tiempo son una ilusión (maya) y todo sucede aquí y ahora. El individuo no es el hacedor, es algo ilusorio (ego).

El programa o ego

Hoy día, en el campo terapéutico, es muy habitual hablar de programas, guiones o patrones mentales. El desarrollo de la informática nos ha familiarizado con estos términos, lo que ha facilitado la comprensión de algo que ya veníamos constatando; el hecho de que, en gran medida, nuestra mente está programada.

Podríamos decir que la genética es el software que traemos instalado en este paquete llamado persona, el sistema operativo que viene por defecto (nunca mejor dicho). Así pues, definimos como “el personaje” , a la parte de tu mente sometida a los programas. Es tu programa personalizado con el cual estás identificado, es decir, crees a un nivel profundamente sentido que eres ese juego de programas característicos o rasgos que constituyen tu personalidad. Ésta, unida a la historia de tu vida —lo que puedas recordar tal y como lo interpretas— y a la forma de tu cuerpo, constituye la persona que crees ser.

En realidad, todo ello es memoria (en un sentido amplio, incluye lo consciente, inconsciente, cultural, ancestral, genético, kármico, sistémico, etc). Tu cuerpo es una memoria biológica codificada. Tu historia es pura memoria. La memoria es una programación que afecta y define tu presente. Igual que los rasgos de tu personalidad, todo es parte de un juego de programas.

Estamos tan fuertemente condicionados por el pasado y nuestras interpretaciones de la realidad que, al vernos totalmente imbuidos en el personaje que interpretamos, nos da la impresión de que es imposible escapar de la película que se rueda en la propia mente. La verdadera evolución es de la conciencia, y consiste en la desprogramación de todos los patrones que limitan nuestra mente, los cuales son ramificaciones complejas de un mismo sistema de pensamiento al que se suele llamar el programa o ego.

Otra manera de describirlo es como el estado ordinario de la mente, la fábrica de pensamientos que hemos hecho realidad; con la que nos identificamos, la voz en la cabeza, la cual duda que exista algo más en nosotros aparte de ella misma, el personaje que sostenemos mediante el pensamiento. Literalmente, ha tomado el control de todo lo que la mayoría de nosotros pensamos, sentimos y creemos, de hecho, según algunos estudios, el 98% de los pensamientos son automáticos, repetitivos y compulsivos, es decir, la mayor parte del tiempo funcionamos con el piloto automático. Procede de afuera, de la sociedad, el entorno, la educación, las experiencias, pero sobre todo procede de programas profundos que habitan en el subconsciente.

Buda decía: “El ego es uno disfrazado de muchos”

El Advaita y en general las enseñanzas no-dualistas puras, van más allá y dicen que aunque el ego sea uno (una sola mente colectiva) disfrazado de muchos, en realidad no es nada, es sólo una creencia, una idea, no un hecho, pero se manifiesta de tal forma que parece ser algo. Algunos maestros dicen que el ego es la prisión que nosotros mismos hemos fabricado y en la que nos experimentamos.

Todo aquello que nos causa miedo en todas sus manifestaciones: incomodidad, malestar, desazón, irritación, preocupación, ansiedad y cuantas emociones y sentimientos que no sean Amor, son fabricados por el ego. El ego es sólo una creencia a la que le hemos dado nuestro crédito, nuestro valor, es el sistema de pensamiento personal. El ego es un falso yo, cuya especialidad es juzgar lo que ve entre bueno y malo y así mantener la dualidad, el mundo de los opuestos.

El ego es la creencia de que estoy separado del Todo, la creencia en la multiplicidad o dualidad, es decir la negación de la Unidad de la Mente. La negación reemplaza lo que existe por lo que no existe. Las ideas ilusorias no son pensamientos reales, si bien puedes creer en ellos.

 

4. Las trampas del lenguaje: Rigidez Psicológica

Nuestro comportamiento, lo que hacemos, se desliga de la experiencia directa. El contenido mental gobierna nuestra vidas: describe, valora, predice los acontecimientos del mundo exterior y la relación con nuestros pensamientos, sentimientos, recuerdos, patrones de análisis. De forma, que acabamos identificándonos con nuestro contenido mental.

Un exceso de lenguaje, o dicho de otra forma de reglas o regulación verbal, genera rigidez psicológica, es decir, patrones de comportamiento bajo una lógica de solución de problemas aplicada a cuestiones psicológicas. El intento de alteración de la respuestas psicológicas y de sus contextos. Introduce al individuo en la lucha contra lo que está ocurriendo. La rigidez psicológica se define por:

  • Fusión a los pensamientos (Literalidad al contenido cognitivo)
  • Jucios: Evaluación, categorización, comparación, etc
  • Control como mecanismo de solución.

Para salir de esta rigidez, tenemos que (Re)tomar el contacto con la experiencia tal y como se produce, debilitando así el poder regulador del lenguaje. Una vez definido, lo que es la rigidez psicológica, podemos pasar a explicar las dimensiones que la explican:

Fusión cognitiva: los acontecimientos verbales ejercen un fuerte control sobre las respuestas con exclusión de otras variables contextuales. “Literalidad con el contenido cognitivo”.

Evitación experiencial: Las emociones humanas que son evaluadas como negativas o que surgen de experiencias aversivas tienden a ser evitadas. Las estrategias de evitación son muy resistentes a la extinción.

Ausencia del momento presente: Estar atrapado en un modo mental de solución de problemas. “Por qué” dirige la atención del pasado al futuro. Hiperreflexibilidad

Yo concepto: producto del entrenamiento en denominación, categorización y evaluación. Es un tipo de auto-relación con uno mismo con la que la mayoría nos fusionamos. Nos fusionamos con los relatos y narrativas sobre nosotros mismos. Apego al yo conceptualizado.

Quiebra de valores: Se pierde el sentido de la propia existencia. Se establecen patrones de espera, reacción y complacencia.

Inactividad/impulsividad: Tanto la evitación de la acción como un comportamiento excesivo son comportamientos enfocados a la reducción de estados aversivos.

Cada proceso implicado en la rigidez psicológica tiene un proceso alternativo para alcanzar flexibilidad psicológica.

Flexibilidad Psicológica: Cambiando las pautas

Procesos de inflexibilidad

Procesos de flexibilidad psicológica

Fusión cognitiva

De-fusión

Evitación experiencial

Exposición / Aceptación

Pérdida contacto con el presente

Contacto con el momento presente

Yo como contenido. Apego al yo

El yo como contexto

Falta de claridad con los valores

Clarificación de valores

Inacción, impulsividad, evitación

Compromiso de actuar

De fusión Cognitiva (Vs Fusión): Debilitar el predominio funcional de los contenidos cognitivos. Ver los pensamientos, recuerdos, creencias, como cosas que ocurren no como verdades absolutas.

Exposición / Aceptación (Vs Evitación): La aceptación se centra en aspectos emocionales de la experiencia humana. Abrir un espacio en que experimentar dichos aspectos sin juzgarlos, sin enredarse mentalmente con ellos. Es una disposición a estar abierto, receptivo y flexible.

Presente (Vs Pasado o Futuro): Prestar atención a lo que está ocurriendo de manera centrada, voluntaria y flexible. Para responder adecuadamente a las contingencias naturales la persona debe estar psicológicamente presente para establecer contacto con tales contingencias.

Yo Contexto (Vs Yo Contenido): El yo como proceso hace a entender el yo como un proceso y como un lugar desde el que se advierte lo que está presente sin juzgarlo. Para el yo como contexto son necesarias las relaciones deídicas de toma de perspectiva. Yo, aquí, ahora. El yo como contexto es social, expansivo e interconectado.

Defusionando el lenguaje

Cuando la persona está fusionada con el contenido cognitivo, no diferencia entre pensamiento y proceso de pensar y condiciones que favorecen un tipo de pensamiento u otro. “ej: una persona empieza a recordar hechos del pasado que ha valorado como angustiosos, como por ejemplo reacciones agresivas de su padre contra él.

Ante una situación de fusión cognitiva, es de vital importancia (como se puede ver y aprender en las sesiones de terapia indvidual) estar con atención plena, proceder a la fisicalización de las sensaciones y emociones. De esta manera, se facilita la comprensión de cómo el lenguaje media y obstaculiza el contacto con la experiencia directa. Y con la práctica se puede moldear y transitar de una condcuta de “pienso que…” hacia otra de “tengo un pensamiento que dice…”

Tal y como veíamos anteriormente, la mente es creativa, su naturaleza es crear, pero puede crear falsamente o puede crear realidad. Esto lo podemos comprobar por la noche cuando dormimos y soñamos, creamos historias que no son reales, pero mientras las estamos soñando las experimentamos como si fuesen realidad y el cuerpo experimenta las emociones y segrega la misma química que si fuese real. El cerebro no distingue si es real o es falso.

Dejando al lado, los fundamentos teóricos de las terapias contextuales que acabamos de ver, podríamos decir que el ego es un sistema de pensamiento “demente” basado en la creencia en la separación de nuestro Ser, que hace que surjan la culpa y el miedo (al castigo por haber atacado a nuestro propio Ser) como sus testigos favoritos, los cuales hemos negado en la mente (convertido en una creencia inconsciente) y hemos proyectado como nuestra realidad (la negación y la proyección se tratarán más ampliamente en el tema siguiente).

El personaje y la mente programada

El personaje, tal y como hemos visto, es lo que cada uno de nosotros cree ser. Para empezar, creemos ser «cada uno», individuos totalmente separados de los demás. Un individuo que muy a menudo se siente solo, desvinculado, excluido, desgajado del resto. Uno frente al mundo. Yo y el entorno. El otro y yo. Persona es una palabra que surgió de las representaciones teatrales griegas. Viene a significar algo así como «máscara que suena», en referencia a las caretas que llevaban los actores, en las cuales se practicaba un agujero por el que hablaban. Desde siempre el vocablo persona ha estado asociado a la representación de un papel.

La mente se identifica con el cuerpo desde el que percibe una experiencia individual de vida. Un cuerpo, en el lenguaje científico, es algo separado de su entorno con unas características que le proporcionan una entidad definible basada en sus diferencias. Es un objeto, una cosa. El diccionario lo define como «aquello que tiene extensión limitada, perceptible por los sentidos». El cuerpo, por tanto, es el símbolo de lo limitado y lo perceptible. El cuerpo nace en una familia de cuerpos, en un ambiente cultural y educativo específico para los cuerpos, y según crecemos vamos viviendo experiencias que constituyen lo personal. Nuestro personaje está forjado no solo por un cuerpo, sino también por la historia de ese cuerpo. Damos valor a cada cosa que vemos según la experiencia pasada, interpretándola de acuerdo con los temores, dolores y expectativas acumulados en la memoria subconsciente. A través del pasado, percibimos este momento.

Mostramos a los amigos nuestras fotos y vídeos, extractos de la gran película de nuestra vida. «Conocí a esta persona», «Estuve en tal sitio», «He estudiado esto», «Este es mi hijo», «Trabajé en esta empresa». Organizamos nuestra historia según un relato al que llamamos yo. Este falso yo es el personaje. Es la mente programada que vive desde lo individual, lo personal, algo propio y separado del mundo. Es un punto de vista que cree ser una identidad.

Ahora podemos ver, aunque sea de manera teórica, la diferencia entre la verdadera identidad espiritual, esencial, unitaria, inmutable, eterna e ilimitada, y la falsa identidad o identificación de la mente con la forma material y perceptible, asociada a una historia personal diferente y única.

5. Las Trampas del Ego

Había un maestro en el S. XV llamado Kabil, que decía que la mente (ego) es un timo, un fraude, un truco, una trampa. La primera trampa del ego, y de la que se originan todas las demás, es creer que el ego es nuestra verdadera Identidad, que es real, sin embargo, tal y como hemos ido viendo, el ego no es más que una confusión con respecto a nuestra identidad. Es un falso sustituto de lo que realmente somos.

A continuación presentamos de forma resumida las trampas que forman parte de la estructura básica del ego.

  • El ego es tu identidad falsa
  • El ego siempre busca culpables
  • El ego te convence de que eres alguien “especial”
  • El lema del ego es “busca pero no halles”

 

El Ego es la creencia de que estás separado, tu identidad falsa

El ego es la creencia de la mente según la cual tiene que valerse completamente por sí misma. El ego siempre está buscando alimento para su identidad separada, para su sentido del «yo». Así es como el ego (el yo separado) viene a la existencia y se recrea continuamente a sí mismo. Cuando piensas o hablas sobre ti, cuando dices «yo», sueles referirte a «yo y mi historia». Éste es el «yo» de lo que te gusta y de lo que te disgusta, de tus miedos y deseos, el «yo» que nunca está satisfecho por mucho tiempo. Es un sentido de quien eres, creado por la mente, condicionado por el pasado y que trata de encontrar su realización en el futuro.

Este «yo» fabricado por la mente se siente incompleto y precario. Por eso el temor y el deseo son sus emociones predominantes y sus fuerzas motivadoras.

Algunas de las formas más comunes que los humanos tenemos de enfatizar nuestra identidad separada en base a la forma son: exigencia de reconocimiento por algo que hicimos; intentar atraer la atención de los demás por medio de hablar sobre problemas; dar nuestra opinión cuando nadie nos la ha pedido y cuando ésta no va a cambiar la situación; estar más preocupado por cómo nos ven los demás que por cómo comprender a las personas; intentar impresionar a los demás por medio de nuestras posesiones, conocimientos, buena imagen, estatus, fuerza física, etc.; tomarnos las cosas de manera personal; intentar llevar la razón y decir que los demás están equivocados; querer ser vistos como una persona importante.

La necesidad de oponerse, de resistirse y de excluir está incorporada a la estructura misma del ego, ya que esto le permite mantener el sentido de separación del que depende su supervivencia. De modo que «yo» voy contra el «otro», «nosotros» contra «ellos». Es frecuente que tribus, naciones y religiones consigan fortalecer su sentido de identidad colectiva teniendo enemigos, ¿Quién sería el «creyente» sin el «infiel»?

Sólo la creencia en la separación le permite a un ser poder atacar a otro, maltratarlo, ser injusto, matarlo, etc. Cuando la persona se convence de su separación, de su aislamiento, de que está desconectado de lo demás, empieza a ver la vida como una competencia, como una supervivencia, es decir no vivimos nuestra vida, sobrevivimos. La competencia, a su vez, aumenta la sensación de estar cada vez más aislado de los demás y se entra en un círculo vicioso.

El ego necesita estar en conflicto con alguien o algo. Una mente separada o dividida no puede sino estar confundida y en conflicto puesto que está en desacuerdo consigo misma. Eso explica por qué buscamos la paz, la alegría y el amor, pero no podemos tolerarlos por mucho tiempo. Decimos que queremos la felicidad, pero somos adictos a nuestra infelicidad.

En último término, la infelicidad no surge de las circunstancias de nuestra vida, sino del condicionamiento de nuestra mente. Tal como nos percibimos tenemos todas las razones del mundo para sentirnos atemorizados.

El ego siempre busca culpables. La culpa es el agente secreto del ego

“La culpa de lo que vivo la tienen otros, o la culpa la tienen las circunstancias, la cultura, los políticos, mis padres, mi jefe, mi pareja, m familia, el euro, etc.”. Ésta es una de las trampas principales del ego y a través de la cual mantiene su sentido separación, siempre buscando culpables, y así evitar asumir la única responsabilidad de lo que vivimos. Al dejar de echarle la culpa a lo que se encuentra afuera, existe una marcada tendencia a albergarla dentro. No hay diferencia entre lo que se encuentra dentro y lo que se encuentra afuera. Culparse uno a sí mismo es identificarse con el ego y es una de sus defensas principales. No puedes culparte a ti mismo sin culpar a los demás puesto que forman parte de ti y no puedes culparlos a ellos sin culparte a ti mismo.

Los hábitos mentales favoritos del ego, los que le fortalecen, son la queja y la reactividad. Buena parte de la actividad emocional-mental de muchas personas consiste en quejarse o reaccionar contra esto o lo otro. Ello hace que los demás, o la situación, estén «equivocados», mientras que ellos «tienen razón». Teniendo razón se sienten superiores, y sintiéndose superiores fortalecen su sentido del yo. En realidad sólo están fortaleciendo la ilusión del ego. No hay nada que el ego, defienda con mayor pasión que su derecho a “tener la razón”, aunque el precio por ese triunfo sea la pérdida de la paz, la compañía, la amistad e incluso el amor.

“¿Qué prefieres, tener la razón o ser feliz?”

El quejarse incluye el buscar culpa y fallos en los demás y el hacer comentarios negativos, ya sea de viva voz o en pensamiento. Presta especial atención al quejarse sin un propósito de enmienda, ese tipo de queja que no provoca un cambio positivo en una situación o en una persona. Por ejemplo el quejarse sobre el tráfico, el tiempo, el tener que esperar en una cola o al teléfono. También quejas sobre algo que alguien hizo o dijo (o que por el contrario no hizo o no dijo), quejas sobre tu pareja, el trabajo, la economía, la salud y determinados grupos de personas. Nota esa voz que articula la queja en tu mente. Nota que sólo está intentando llevar la razón, sentirse superior o sentirse más separado del resto. Cada vez que notes esta voz quejándose, pregúntate si puedes aceptarla como lo que es en realidad: un patrón antiguo en tu mente, la voz del ego. No es quién tú eres en realidad.

La necesidad de ser especial es el deseo secreto del ego

Es una de las trampas más poderosas y se puede observar la fuerza que le imprime nuestra sociedad misma y nuestra cultura. Se favorece la idea de que hay personas especiales y situaciones especiales. El ego exige que debe ser tratado con una distinción especial y de ahí surgen todos los programas de “reconocimiento” como “cliente distinguido”, “cliente oro”, “VIP”, “tarjeta platino”, “miembro del club tal”, “viajero frecuente”, “tarjeta dorada”, etc. Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportarán algo a la forma como se ven a sí mismas o como las perciben los demás, en otras palabras, que agregarán a su sentido del ser. Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuestión y, por ende, que estaremos más completos. Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psicológico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado. Estas distinciones le encantan al ego. “El falso éxito crea adicción“.

Si en tu trato con otras personas puedes detectar ligeros sentimientos de superioridad o inferioridad hacia ellas, estás viendo el ego, que vive literalmente de la comparación. El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios.

La envidia es un derivado del ego, que se siente disminuido cuando a otra persona le pasa algo bueno, o cuando alguien tiene más, sabe más o puede hacer más que tú. La identidad del ego depende de la comparación y siempre quiere más. Se agarra a cualquier cosa. Si todo lo demás fracasa, puede fortalecer su ficticio sentido del yo sintiéndose más maltratado por la vida o más enfermo que otras personas. Casi todos los personajes, nuestra identidad falsa, contienen algún elemento de lo que podríamos llamar «identidad de víctima». La imagen de víctimas que algunas personas tienen de sí mismas es tan fuerte que se convierte en el núcleo central de su ego. El resentimiento y los agravios forman parte esencial de su sentido del yo, se han construido una identidad de víctima que se parece mucho a una prisión cuyos barrotes están hechos de formas mentales.

Cuando no recibimos un trato especial, el Ego se ofende muy fácil y rápidamente. Cada vez que te sientes ofendido, estás a merced de tu ego. Cuando sientas que una persona te ofende, no te ofende a ti, a tu verdadero yo, sino que ofende a la idea que tú tienes de ti, o sea, a tu ego. Comprende que no reaccionas a nada directamente, sino a tu propia interpretación de ello. “No es lo que pasa, sino lo que yo hago con lo que pasa”. Sí te marcas metas egóticas que te potencian o te hacen sentir importante, aunque las consigas, no te sentirás satisfecho. Márcate metas, pero sabiendo que alcanzarlas no tiene la menor importancia. Cuando algo surge de la presencia, significa que este instante no es un medio para un fin: la acción es satisfactoria por sí misma en cada momento.

 

El lema del ego es ”Busca pero no halles”

El ego siempre está buscando, de hecho el slogan del ego es “Busca pero no halles” Puesto que en el fondo se siente carente e incompleto, en algún lugar sabe que su existencia es falsa, busca continuamente añadirse algo más de esto o de lo otro para completarse. Eso sí, siempre te mantendrá buscando fuera de ti, en el mundo externo, donde no puedes encontrar la paz y la felicidad.

Es la enfermedad 3M (Mucho y Más, Mejor). Se vive con la idea de que cuanto más se tenga, más poder, más belleza, más fama, más inteligencia y con más títulos académicos, serás mejor. El ego siempre intentará convencernos de que adquiriendo esto o lo otro vamos a encontrar la satisfacción. Hay personas que acaban de comprar un producto y ya están pendientes de si salió uno mejor para comprarlo, sin poder disfrutar del que ya tienen. Son los clientes perfectos para la sociedad de consumo. La ansiedad y preocupación suelen ser un par de constantes en la vida de la mayoría de las personas, donde por tanto tener, por tanto acumular, por incluso desear más y más, surge un gran temor a perderlo todo, y es que como les ha costado tanto trabajo ganar lo que tienen, perderlo les puede resultar muy doloroso.

“Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes”

La mente programada o egótica existe en un estado de «nunca tener suficiente», por lo que siempre ambiciona más. Cuando te identificas con el ego, te aburres y te inquietas fácilmente. El aburrimiento significa que la mente tiene hambre de nuevos estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no está siendo satisfecha. Cuando estás aburrido, satisfaces el «hambre mental» leyendo una revista, haciendo una llamada telefónica, poniendo la tele, navegando por Internet, yéndote de compras o —y esto es bastante común— transfiriendo al cuerpo la sensación mental de carencia y la necesidad de querer siempre algo más, satisfaciéndolas brevemente ingiriendo más comida. O puedes sentirte aburrido e inquieto, y observar la sensación de estar aburrido e inquieto. A medida que vayas dándote cuenta de estas sensaciones, empezará a surgir algún espacio y quietud en torno a ellas. Al principio sólo habrá un poco, pero, conforme crezca la sensación de espacio interno, el aburrimiento empezará a disminuir en intensidad y significado. De modo que incluso el aburrimiento te puede enseñar quién eres y quién no eres.

El sentido de carencia y de insatisfacción permanente explica su preocupación compulsiva por el futuro. Cuando te des cuenta de que estás viviendo «para el momento siguiente», ya has salido del patrón mental del ego, con lo que surge la posibilidad de elegir prestar toda tu atención a este momento. Prestando toda tu atención a este momento, una inteligencia mucho mayor que la inteligencia de la mente egótica entra en tu vida.

 

6. Las Mil Caras del Ego

Por lo general, las personas no toman conciencia de las trampas del ego y por lo tanto de los personajes que representan. Algunos papeles son sutiles; otros son francamente manifiestos, salvo para la persona que los representa. Algunos papeles sólo tienen por objeto atraer la atención de los demás.

El ego se alimenta de la atención de los demás, la cual es, después de todo, una forma de energía psíquica. El ego ignora que la fuente de toda energía está en el interior, de manera que la busca externamente. El ego generalmente representa algún tipo de papel a fin de satisfacer sus “necesidades”, trátese de una ganancia material, una sensación de poder o de superioridad, una sensación de ser especial, o algún tipo de gratificación, ya sea física o psicológica. Por ejemplo, la persona tímida que teme despertar la atención de los demás no carece de ego. Tiene un ego ambivalente que teme y a la vez desea la atención de los demás. La timidez suele ir de la mano con un concepto negativo de uno mismo, la idea de ser inadecuado. Toda noción conceptual del ser (verme a mí mismo de tal o cual manera) es ego, trátese de un concepto predominantemente positivo (soy el mejor) o negativo (no sirvo para nada).

Detrás de todo concepto positivo de uno mismo está el temor de no ser lo suficientemente bueno. Detrás de todo concepto negativo de uno mismo se oculta el deseo de ser el mejor de todos, o mejor que los demás. Detrás de la sensación de superioridad del ego seguro de sí mismo y de la necesidad de conservar esa superioridad, está el temor inconsciente a la inferioridad. Y al revés, el ego tímido que se siente inferior, tiene un fuerte deseo oculto de ser superior. Muchas personas fluctúan entre la sensación de inferioridad y de superioridad, dependiendo de las situaciones o de las personas con quienes entran en contacto. Lo que en realidad necesitas saber y observar es lo siguiente: cada vez que te sientas superior o inferior a alguien, es problema del ego.

Subpersonalidades, disfraces o máscaras

El personaje o falsa identidad programada se puede definir como un puzle de disfraces o máscaras que en psicología se llaman subpersonalidades y que se asemejan a lo que en informática se llama subrutina. Estos disfraces son pautas de identificación organizadas y están compuestos por roles, creencias y emociones. En realidad se trata de programas colectivos que nos afectan a todos, pero que nos limitan a cada uno de un modo muy íntimo y aparentemente particular.

La personalidad manifiesta un conjunto específico de disfraces al que se llama yo. Sientes y percibes la vida a través de estas subpersonalidades o subprogramas. Básicamente, los disfraces son estrategias programadas para conseguir amor, reconocimiento, respeto, valoración y aprobación. El programa se basa en la idea de que uno ha de ganarse todo esto. Es interesante conocer el personaje que interpretas, pues una parte muy importante de tu proceso de liberación consiste en perdonar y soltar a tu personaje. Resulta muy interesante estar al tanto de los disfraces instalados y así vivir desde una sensibilidad que te permita escubrirlos operando en tu día a día. Al descubrir un disfraz de tu personaje, puedes sentir que eso no eres tú. Tú eres la conciencia que lo ve y que comprende. Entonces puedes perdonarlo. No puedes perdonar o soltar lo que crees que es tu esencia, pero sí puedes liberarte de aquello que ves falso. Además, así puedes reconocer en cada momento que los demás operan bajo sus propios programas, lo cual irá preparando la aceptación en tu mente. Puedes darte cuenta de que, debido a tu propia identificación con el programa, estás confundiendo constantemente los programas con lo esencial.

El discernimiento es el proceso de descubrir que las mentes están operando bajo automatismos programados que no han sido observados. Liberarse es un asunto de conciencia, no de lucha. Por mucho que se ataquen esos mecanismos, programas o disfraces, solo cambiarán de forma o de polaridad. El proceso de liberación de los programas pasa por dejar de ocultarlos para empezar a observarlos con serenidad y aceptación. Tu conciencia, que secretamente estaba dándoles sentido, utilidad e identidad, los ve de otra manera desde el discernimiento. Se da cuenta de su ausencia de significado y propósito, de la falsa percepción desde la que se estaba juzgando todo, y solo entonces puede soltarlos. Al soltar las máscaras que interpretas, la mente se libera de la emocionalidad y del conflicto que este disfraz le producía.

“Hasta que no sientas que el disfraz ya no tiene sentido para ti, no podrás soltarlo”

Estos disfraces o subpersonalidades conforman al personaje como si fueran los ladrillos de una construcción, y pueden poner sobre la mesa algunos aspectos típicos, programitas personales con los cuales uno se siente identificado y, por tanto, programado, limitado. Todos ellos están en todas las mentes. Por tanto, en alguna medida y de algún modo, todos los disfraces operan en tu personaje tanto como en el mío. Nos parecen culturales, propios del mundo, debido a que el mundo que percibimos ha surgido del programa de la mente colectiva. Todos ellos tienen un propósito: sustituyen tu expresión de amor auténtico de alguna manera, limitan tu capacidad de amar, acotan tu libertad y, a gritos, piden reconocimiento, respeto y amor mediante la fabricación de un personaje que ha de ser especial y, a la vez, encajar con los demás.

Los disfraces limitan profundamente la experiencia de vida de cada persona. Son una inconsciente petición de ayuda a la que solo podemos responder mediante la toma de conciencia y la liberación. Al descubrirlos, puedes comenzar a cuestionar su sentido. Puede que en algún aspecto encaje con lo que tú percibes de ti mismo y en otros aspectos no. Eso no importa, lo que importa es que puedas trasladar la idea general de ese disfraz al programa que detectes en tu mente. La forma como se manifieste puede variar mucho. A veces interpretamos un papel con unas personas y otro con otras, ya que los disfraces se activan en función de relaciones específicas.

Tal vez no los descubras ahora. Pero puede que, pasado algún tiempo, sí puedas observarlos en ti. La capacidad de comprensión está constantemente ampliándose en nuestra conciencia. Mientras tanto, los verás funcionar a tu alrededor en todo momento. Muy brevemente algunos ejemplos de estos disfraces son: realizador (cree que sólo tiene valor si produce algo verdaderamente útil), crítico/pesimista (obsesionado por descubrir y señalar los errores en los demás y en el mundo), justiciero/salvador (enseña al mundo como deben ser las cosas), manipulador/controlador (los demás deberían hacer lo que él dice), vanidoso/impostor (cuenta historias inventadas con tal de parecer especial), víctima (considera que si sufre un daño obtiene una extraordinaria atención por parte de los demás), encantador/chico bueno (la sumisión produce recompensas), rebelde/orgulloso (necesita expresar su diferencia yendo contra corriente), sabelotodo/infalible/pedante (trata de saber a cualquier precio para ser reconocido), colérico/gruñón (la ira es la protección contra la adversidad), creyente/seguidor (no confía en absoluto en su propia comprensión y depende de otros), dudoso/indeciso (hace de sus dudas un culebrón y sufre terriblemente por la indecisión), escéptico/cínico/nihilista (cerrado a cualquier idea que no se corresponda con lo perceptible por los sentidos o demostrado científicamente), provocador /gracioso /protagonista (se muestra gracioso e ingenioso para ser reconocido), tímido (miedo a exponerse a los demás), negociante /materialista (valora a las personas por su dinero y posesiones), solitario/ ermitaño (demuestra que no necesita a los demás, ni su amor), sacrificado/héroe (cree que amar significa renunciar al bienestar para el supuesto bien de otra persona).

Tu personaje, igual que cualquier otro, es un puzle de subprogramas o disfraces a través de los cuales mira la conciencia. Es muy posible que hayas percibido similitudes con tus propios disfraces al leer estas ataduras mentales. Todos ellos expresan carencia, debilidad, incapacidad, ataque, temor, dependencia. Todos ellos intentan hacerte creer que eres la debilidad. Eso que normalmente llamamos «yo» es una combinación de guiones como los que hemos citado, quizá no exactamente tal y como los anteriores, pero sí con el mismo estilo de patrón mental. Puede ser que observes disfraces que no encajan en ninguno de los aquí nombrados, pues las posibles combinaciones que ofrece la programación de conflicto son numerosas.

“No luches contra el personaje. Perdónalo”

Es preciso que seas muy amable contigo mismo en todo momento, no es un trabajo para que te juzgues. Los programas simplemente deben dejar de ser ocultados. Esta es la tarea del discernimiento: darse cuenta.

Discernimiento de lo falso

El proceso por el que vas reconociendo al ego o programa de un modo cotidiano se ha llamado tradicionalmente discernimiento. Es una de las partes más importantes del proceso de la conciencia plena, y siempre lo ha sido en cualquier camino espiritual profundo, pues implica aprender a distinguir lo que apunta a lo real de lo que te encierra en lo ilusorio. Discernimiento es una diferenciación espontánea y sentida entre la mente programada — sistema de pensamiento basado en el ego— y la mente natural —sistema de pensamiento que proviene de tu misma naturaleza. Te permite ver el programa y dejar de darle crédito. Por tanto, te reconoces como la conciencia libre del programa, aunque solo sea durante un instante de comprensión.

Comienzas a sentirte libre del programa a medida que reconoces sus trampas habituales. Con el paso del tiempo, puedes discernir con facilidad, pues los fundamentos del programa son los mismos en todas partes, en todos los tiempos, para todas las edades y en todas las culturas. El programa es perfectamente coherente consigo mismo. No obstante, nunca sabes qué nuevo aprendizaje de discernimiento te aguarda a la vuelta de la esquina. La liberación es toda una aventura de observación consciente que cada vez se vuelve más sutil y ligera.

El cambio de percepción depende de que te des cuenta a un nivel profundo de que los programas mentales pueden ser cambiados. Confundirte con una personalidad equivale a creer que tú eres un programa y, por tanto, que tu conjunto de rutinas mentales es algo esencial, innato a tu naturaleza.

“El programa no eres tú. El programa es tu limitación”

 

7. Las Defensas del Ego

El programa intenta impedir por todos los medios que te hagas consciente de él. Para ello desarrolla una estrategia muy amplia, aunque enseguida puedes percibir tres defensas básicas. Es interesante estudiarlas ahora para poder identificarlas cuando aparezcan en tu mente.

I) La primera defensa: “No puedes”

Será la primera defensa que verás en tu mente cuando practiques la atención plena. Seguro que ya estás acostumbrado a que aparezca ante tus intentos de elevarte por encima de ti mismo.

El programa será muy insistente en hacerte creer que eres impotente frente a él. Te insuflará constantes pensamientos de fracaso, de pereza, de hastío ante los avances de tu conciencia. No puedes. Es muy difícil. Es imposible. Soy incapaz. Nunca lo conseguiré. Necesita hacerte creer que no puedes liberarte de los hábitos mentales, del pasado, del subconsciente, de él mismo. Pone todo su empeño en que desistas y abandones el intento de alcanzar la comprensión, haciéndote creer que es inútil todo esfuerzo y todo trabajo interno. Su argumento más persistente consiste en convencerte de tu debilidad, la cual proviene de verte a ti mismo como un cuerpo y una historia en lugar de como mente. No puedes es el victimismo, la impotencia y la incapacidad. Principalmente consiste en la creencia generalizada de que eres impotente para cambiar tu percepción, liberarte de los programas, vivir sin ellos e incluso sin sufrimiento. El victimismo está directamente relacionado con la identificación con los programas o automatismos reactivos internos. Uno llega a creer que esos programas son su identidad y se transforma en víctima de ellos.

La primera defensa del ego es el victimismo. No puedes deshacerte de tus programas, de tus hábitos mentales, porque eso eres tú. La depresión es el grado profundo de identificación con el personaje víctima, el máximo triunfo del programa.

“La primera defensa del ego dice: tú no puedes liberarte de mí, porque tú eres yo”

II) La segunda defensa: “No mires”

El principio fundamental del sistema de creencias del ego consiste en que, en tu esencia, eres algo horrible y lo mejor que puedes hacer es no mirar adentro, ya que, si vieras lo que eres en el fondo, quedarías espantado y no lo podrías soportar. Por esta misma razón, más vale que nadie te llegue a conocer de verdad. Es mejor tapar lo de dentro. Esta sensación inconsciente de ser erróneo ha sido llamada también «pecado original», y viene a decir que tu esencia es el mal, una especie de error esencial por el cual sufres cada día. Esta ilusión es la base del ego.

La segunda defensa del ego dice: no mires adentro, porque te dolerá ver que eres basura. Sin embargo, eso que ves no eres tú. La comprensión te lleva a ver el programa y su funcionamiento. Tan solo estás viendo lo falso, los personajes de la función de teatro que ha montado el programa. Mientras practicas la atención plena, el programa aprovechará cada toma de conciencia que asome a tu mente para hacerte sentir culpable. Mira lo que has visto, sin duda eres malo. Su función consiste en reemplazar la comprensión por culpa. Así, cuando veas el programa, te identificarás con lo falso y de nuevo te sentirás equivocado. De este modo asocia la toma de conciencia con la dolorosa culpa, te desmotiva y vuelves a la primera defensa. Te hará creer que la felicidad es la inconsciencia.

Sin embargo, si te permites ser de un modo amable y escuchas a tu interior desde el silencio, es decir, si sigues mirando sin escuchar al programa y confiando en la comprensión, llegarás a ver lo que realmente eres en cada experiencia de toma de conciencia auténtica: luz, comprensión, amor, inteligencia.

Esto es lo que más teme el ego, pues dejarás de necesitarlo a medida que asome el conocimiento de tu realidad.

III) La tercera defensa: “No sientas”

Sabes intuitivamente que la mejor manera de mirar al interior consiste en sentir, ya que, si bien el pensamiento puede engañarte, el sentimiento siempre es noble y fiel al estado de tu conciencia actual, y te revela sin doblez lo que realmente está siendo aceptado como verdad en tu fondo. Es evidente que el sentir es la manera de afrontar el estado de tu mentalidad en el ahora; es una auténtica toma de conciencia al más alto nivel: una conexión entre lo subconsciente y lo consciente.

Dado que esta conexión le parece muy peligrosa al ego, ha establecido todo tipo de mecanismos para hacerte creer que sentir es sinónimo de sufrir. Si la defensa anterior te dice que, si miras, te darás cuenta de lo horrible que eres, esta defensa te dice a un nivel más profundo que, si sientes, sufrirás. Mejor será que no sientas. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Sentir es experiencia, vivir es experimentar, y mediante esta defensa el programa establece la más dura castración: el miedo a la experiencia, el miedo a la vida. Los motivos por los cuales el ego tiene miedo a que sientas son los mismos por los que teme la verdad. Si tu conciencia alcanzara la verdad, el ego desaparecería como una sombra ante la luz del sol. El ego tiene miedo a la verdad. El ego es el miedo en sí. El programa desarrolla en tu mente el miedo a sentir. Como consecuencia, surge la defensa: no sientas.

Liberar los programas (ego)

Tu capacidad para amar está gravemente limitada y distorsionada por tus creencias inconscientes sobre ti mismo y la naturaleza de la vida. Estas creencias inconscientes son los programas o ego que son deshechos o liberados a través de la conciencia plena, la comprensión y el perdón. El proceso del perdón profundo, el cual trataremos más ampliamente en el tema 7, va deshaciendo poco a poco los límites de tu personaje y, con ellos, todas las estructuras que aprisionan tu mente y, por tanto, tu identidad.

“El perdón opera sobre los programas”

La comprensión y el perdón profundo generan un cambio en tu manera de percibir o de sentir. Es otra manera de ver o interpretar a las personas o las situaciones que parecen causarte conflicto —rechazo, dolor, miedo, culpa, etcétera—. El cambio de percepción te permite regresar a un estado mental de aceptación en el que tu mente te ofrece pensamientos de liberación en lugar de ideas de aprisionamiento o conflicto. En tu mentalidad natural de paz experimentas amor, comprensión y aceptación.

Con cada conflicto que llevas a tu silencio interno mediante la práctica de la atención plena, la presencia y el perdón, con cada asunto que dejas en manos de la paz, un límite de tu ego se va deshaciendo, lo cual te permite sentir el reflejo de tu incondicionalidad esencial. Así se libera tu mente y regresas a casa.